Relatos, libros, imágenes e Historia para compartir. Narraciones y reflexiones de un ciudadano.
jueves, 9 de septiembre de 2010
BENEFICIARIOS COLATERALES: ABOGADOS Y POLICÍAS
miércoles, 1 de septiembre de 2010
LA SONRISA DE LOS NINIS
- Los Emmy reconocen la realidad
- Lleve su cajita feliz llévela.. es lo de hoy!
- La sonrisa de la Barbie: cuando ya nada importa
- Marijuana, The Law and You:
“… que según me andan buscando/ por mis negocios prohibidos/ y porque soy muy bragado/ es que para este negocio/ tienes que ser aventado./ Por apodos soy La Barbie / por los contras muy temido…” Y mientras las coplas del narcocorrido siguen y se escuchan por todo el país, desde el vecino del norte se escuchan coplas parecidas, pero estas cantadas por el conjunto “Negro y Azul” y filmadas con gran despliegue de producción televisiva; la misma que llevó hac e unos días a los protagonistas de la serie Breaking Bad a ganar sus Emmy.
Dos series de TV retratan lo integrado que está el mundo de la droga a la vida cotidiana de los EU: Weeds y Breaking Bad. En la primera, un ama de casa viuda encuentra como modo de sobrevivencia el tráfico en pequeña escala dentrio de un suburbio estadunidense, para desarrollar sin proponérselo y empujada por las circunstancias, el cultivo hidropónico en gran escala de la cannabis. En la segunda serie, es un profesor de química, quien desahuciado por el cáncer y envalentonado por la muerte, aplica sus conocimientos a producir un cristal de color azul que causa furor entre los consumidores de Nuevo México y lo instala en el imaginario de un narcorrido: el que cantan “Negro y Azul”.
Pero lo que allá es producto televisivo y fuente de premios y recompensas –además de negocio redondo para la venta de armas-, aquí se ha convertido en una dantesca geografía del horror cotidiano. Fuerte contraste con la perspectiva de una sociedad abierta (a la doble moralo sobre todo) como la de EU, que pemite incluso el análisis frío del narcotráfico en su vertiente de como las redes de distribución al menudeo, encuentran pasmosos símiles con la lógica de superación personal en las franquicias de McDonalds ©. Por lo menos así lo desmenuzan S. Levitt y S. Dubner en Freaknomics. Lectura recomendable para entender porque el narcomenudeo es una buena opción (y un espejismo mortal) para los Ninis.
Ante la ola de explicaciones sicologistas de la prensa sobre la sonrisa del narco frente a las cámaras, prefiero preguntar: ¿Cómo verán esa sonrisa los Ninis? ¿Les causará santo temor a seguir el destino de la Barbie o más bien envidia de la gran vida que se dio mientras la estuvo libre? ¿Se sienten agredidos por esa sonrisa o más bien les nace el impulso de seguir sus pasos en un mundo que no tiene opciones para ellos?
Esa sonrisa más parece una extensión del desafío que en libertad y a diario lanzaba el capo a las autoridades, como se le antoja a cualquiera que enfrente la cotidianidad de este país. ¡Para lo que le importará a Edgar Villareal ser presentado como lo más cercano al horrendo mal, menos le asustará la ley! Es más, la justicia y la ley como a todo poderoso en este país, le dan risa. ¿Vieron el departamento que tenía en el conjunto Tamarindos en Santa Fé? Echen un ojo a la publicidad del lugar.
¿Nunca han visto una sonrisa parecida a la de la Barbie esos jóvenes norteños, cuya vida transcurre entre la troca, la visita obligada a la media lata gigante del Modelorama para comprar cerveza y el aprendizaje del dorado alarde del buchón?; ¿Es algo nuevo esa sonrisa multiretratada para los jóvenes maras que han poblado las colonias cercanas a Observatorio y traen consigo sanguinarios cultos de iniciación con cercenamientos y que usan cuernos de chivo como pistolas de agua? ¿De verdad uds creen que no han sido despreciados por sonrisas parecidas desde niños?, ¿No son acaso esos Ninis, todos ellos, el “jodidaje” como los catalogó un magnate de la televisión mexicana? ¿no son a quienes se lanza esa sonrisa de desprecio y de miedo desde las ventanillas de un carro úlimo modelo? La diferencia ahora está en que el narco les ofrece la posibilidad de algun día poder sonreir igual.
Una ultima observación a la sonrisa. La Barbie conoce las reglas del sistema, sabe que por las buenas, incluso se abre la posibilidad de vender sus servicios a la DEA y también porque no, al gobierno mexicano: debe conocer varias de las redes de protección que se desarrollaron a lo largo y a la sombra del viejo regimen. ¿Podemos imaginar el golpe mediático que causaría la mención de algún alto político involucrado en esa protección? El complejo entramado de esas redes, para quien se interese, fue abordado en este blog hace unos meses con la reseña de la novela Power of the Dog: http://bit.ly/a8H4P4
Por otro lado, ya se sabe que sus riquezas no las perderá y encontrará maneras de disfrutar de ellas incluso desde la cárcel (como todo poderoso que se respete, lo mismo aquí que en EU) Vamos, cómo no va a reir si ya tiene hasta un abogado defensor y no uno cualquiera: Kent A. Schaffer; quien escribió un libro titulado: Marijuana, The Law and You: A Guide to Minimizing Legal Consequences y tiene entre otros reconocimientos Texas SuperLawyer, 2008; ATLA Top 100 Trial Lawyers for Texas, 2007; Best Lawyers in America, 2003 - Present, Best Criminal Defense Lawyer in Houston, Houston Press, 1995, Best Lawyers Houston y aparece en las listas Who's Who in American Law (sólo le falta un Emy).
Esos son los “beneficios colaterales” del Narcotráfico. ¡Cómo no reirse como cualquier otro poderoso dueño de este país! Al fin y al cabo, como dice la apostilla de la serie Breaking Bad: cuando ya nada importa…
miércoles, 7 de julio de 2010
NACIDO EL 4 DE JULIO
lunes, 28 de junio de 2010
EL PRI SIEMPRE ES EL MISMO
México no puede ser el Club del Oso
El PRI es el factor de desestabilización
A diez años de una transición democrática casi de terciopelo, nos encaminamos a unas elecciones estatales en las que la principal víctima es precisamente la democracia. Pero el mayor reclamo a los victimarios -que no son otros sino los partidos políticos-, es el dilema tramposo en el que han colocado a los ciudadanos y votantes.
La guerra de lodo con el ventilador en contra y en el que participan todos, pinta un paisaje desolador. El primer gran villano el PRI, ha mostrado que los 10 años formalmente fuera del gobierno federal, le ha dado una gran lección: no necesita cambiar sus hábitos tramposos y corruptos. Refugiado en los estados y en personajes tan impresentables como lo que en Twetter ya se denomina el Club del Oso (el Gober Gomoso, el Precioso, el Fogoso y el Ruinoso); en el apodo pintan de cuerpo completo toda su presencia en el imaginario colectivo.
Desviación de recursos para las campañas de sus respectivos delfines de una manera vergonzosa para las arcas públicas y un nulo arbitraje electoral; un derroche insultante para la pobreza y para cualquier intento de civismo y conciencia ciudadana. Violencia abierta contra los opositores recurriendo al secuestro, las golpizas, el retiro de propaganda y el despliegue de provocadores. Sin olvidar la generalizada compra de la prensa estatal y con graves señales de que el embute alcanzó a la prensa nacional a través de encuestas amañadas y acallamiento de notas contrarias a los señores feudales.
Curiosamente el despliegue de toda la parafernalia del mapachismo priísta no les despeinó en lo más mínimo y antes al contrario, parece que les confirmó que la gran masa de la población así los acepta y se dispone a votar por ellos. A ello se aúna no solo el desgaste del panismo en el ejercicio de gobierno, sino sobre todo sus yerros, yerros que van más allá de la crisis económica y la sangrienta guerra al narco. A la ruina de la administración pública heredada del foxiato se sumó la incapacidad para cubrir al personal del Estado en áreas tan delicadas como Hacienda y Seguridad Pública: se recurrió a los especialistas del viejo regimen y no en balde ahí es donde más asoma la cola del dinosaurio tricolor.
Bien lo resumió un analista: quizás el PAN merezca perder la elección por sus errores, pero definitivamente el PRI no merece ganar. Y esta es la primera reflexión que deberían de hacer los votantes el próximo 4 de julio: ¿en realidad merece el PRI volver al gobierno cuando no sólo no ha cambiado, sino muestra su peor rostro con esos personajes que se ufanan de tener “todo el piche poder en la mano” o de manejar a la autoridad electoral y recibir palpitantes botellas de cognac? ¿Es la voz del nuevo PRI ese llamado de Beatriz Paredes a reprimir a Twetter si se atreven a criticarlos?
Pero el mayor reclamo que se puede hacer tanto al PRI como a los otros partidos es el dilema ético en el que han colocado a los ciudadanos. La divulgación de las grabaciones con las trapacerías de estos dinosaurios nos coloca entre la espada y la pared: ¡aceptar una ilegalidad como lo es la grabación, pero que al mismo tiempo es la prueba de actos ilegales de verdaderos delincuentes! Un intercambio tuitero lo retrata: @sergiozaragoza: @ileanau ok, entonces tu consideras correcto grabar llamadas personales // ¿y tu consideras correctos a ladrones y pederastas?
Ante esa trampa no queda sino renovar el llamado al voto, y un tuit lo hace magistralmente: “El voto cuenta pero para que cuente hay que votar” y aquí retrocedemos veinte años: la abstención es el mejor aliado del PRI y el gran reto de los partidos opositores es que la gente olvide sus yerros y salga el próximo domingo a votar. Sigo convencido como lo señalan las encuestas, que el deseo de cambio es muy grande pero es el comportamiento de los políticos lo que inhibe a la gente a participar.
No queda sino recordar las palabras del cronista de la caída de Granada: “A esta ciudad la protegen sus propios ladrones y la gobiernan sus propios enemigos…”. Yo diría que para salvarla, sólo quedamos los ciudadanos.
Adenda: Y para recordarnos como Fidel Velazquez que ellos tomaron el poder con las armas y retar para que se los quiten igual, de nuevo surge el atentado a un político. De inmediato se culpó al gobierno federal y se oculta que los gobernadores son del PRI. En cuanto al desfile de declaraciones hipócritas, retratan que no existe ninguna nueva actitud: unos más otros menos, bailan felices en torno al Club del Oso.
lunes, 17 de mayo de 2010
LUCES Y SOMBRAS DE FERIA: SHANGAI 2010
martes, 20 de abril de 2010
CHAMBAS
Serafina se quedó helada, más que el agua del arroyo en la que chapoteaba la ropa enjabonada de sus hijas. Volteó a buscarlas instintivamente y confirmó que estaban cerca: jugaban con una muñeca sin un ojo y el vestido raído como los de ellas. Por su cabeza cruzaron imágenes y decisiones. Ideas que nunca se le hubieran ocurrido: correr con sus hijas por la barranca para alejarse del pueblo, esconderse y vivir en alguna de las cuevas ahí cercanas, refugiarse con alguna vecina, juntar un poco de dinero prestado y cruzar la frontera por Ciudad Juárez para trabajar del otro lado. Pero también muy rápido supo que ninguna de ellas era viable, las niñas representaban una carga que haría difícil cualquier plan de huida y dejarlas -aunque fuera por un tiempo para después recuperarlas- ni pensarlo.
Entregarse a la policía le parecía algo suicida, estaba segura de no haber cometido ningún delito, pero la inocencia era lo último que importaba con la policía, ya casi se veía presa y separada de sus niñas. ¿Por qué le tenía que pasar esto a ella?, precisamente ahora, cuando ya había logrado juntar los seis mil pesos de cuota para inscribirse en un programa y construir su casa; de qué le había servido trabajar de sol a sol como sirvienta en una casa en una lejana colonia de gente rica y deslomarse lavando ajeno los fines de semana. Si huía, hasta sus ahorros perdería. Sin saber cómo, un sentimiento le invadió, una especie de abandono y de seguridad le dio la certeza de que ya nada peor le podía pasar en la vida y le llenó el cuerpo. Sintió que ya no tenía compasión por si misma y menos para los demás.
- ¡Marisela, Marisela!, te anda buscando tu jefe, parece que hay algo urgente-
Marisela que ya se disponía a arrancar su auto, con un gesto de resignación se bajó, lo cerró e hizo el camino se regresó a la oficina. El cansancio acumulado de la semana se haría más pesado con el congestionamiento del tránsito de los viernes por la noche, no alcanzaría a ver a su hijo el más pequeño: para cuando llegara a su casa ya estaría dormido. A ver ahora que se la atoró al inútil de mi jefe, pensó.
El funcionario la recibió con cara de angustia mostrándole la pantalla de la computadora en estado de catatonia informática, sin que pudiera ni avanzar ni retroceder. Le explicó la urgencia: Va a haber un acto en Los Pinos con el presidente y el secretario, se necesita que venga una mujer a la que se le haya dado un crédito para que reciba los papeles de manos del presidente, necesitamos que sea algo de acuerdo a las necesidades de la oficina de Comunicación Social. ¿Cómo le hago para entrar a la bases de datos y escoger a alguien?
Marisela se sentó frente a la computadora, tecleó CtrAltSupr la máquina respondió y cerró todos los programas; luego la apagó y tras unos segundos la encendió de nuevo. Con calma y paciencia preguntó exactamente cómo querían que fuera la elegida, de qué estado o de qué edad.
- ¡Nada más que esté bien jodida!, ¡tú define el perfil, pero ya!, porque hay que mandar a traerla y que esté aquí el domingo.....
- ¿Te parece bien que sea de Chihuahua?, es de los estados mejor organizados.
-¡De Chihuahua, sí, que sea de Chihuahua!, ¿está completa la información?
- Sí, si está completa- respondió Marisela.
- Entonces saca tres candidatos y propón uno- respondió más tranquilo su jefe.
Mientras tanto, Marisela reflexionó el mejor método para elegir a alguien a quien se le diera un crédito para construir su casa y además la oportunidad de viajar a un evento con el presidente. Trató de imaginar una mezcla de azar y estadística que no estuviera reñida con la justicia y que al mismo tiempo, no dejara la decisión en manos de un burócrata o de un líder que lo entregara a algún incondicional suyo. Tomó el promedio de ingreso de varios municipios y lo redujo al solicitar el perfil, después lo condicionó a que fuera mujer trabajadora menor de treinta años y con hijos. Segundos después apareció un folio con un nombre en la pantalla: Serafina Mozos Cigarrero.
-- Muy bien Licenciado, muy bien, me parece buena la propuesta. Comuníquese a Chihuahua y vea con el Delegado para que vaya viendo de una vez si la mujer está dispuesta a viajar a la ciudad de México.-
-- ¡Cómo no va a aceptar!, a esa gente póngale afuera el atole y los tamales y va a ver si no comen en donde sea. El funcionario apenas esbozó una sonrisa ante el comentario burlón y despreciativo de su secretario particular, después se dirigió de nuevo al director. Con el respaldo inclinado del lujoso sillón de piel, el Director General le tendió las tarjetas hechas por Marisela; la blancura de las mangas de la camisa contrastó con la media penumbra que producía la lámpara sobre el escritorio.
-- Da gusto trabajar con gente como usted, alguien que resuelve rápido y bien los bomberazos.- El aroma de la fina madera del escritorio fue percibida por el subordinado casi como parte de la felicitación, él mismo se felicitaba por su habilidad de poner a trabajar a los demás en su beneficio. Esto sin duda, aumentaría su puntaje en la carrera por la dirección vacante.
No terminaba aún el director de recibir con orgullo y en silencio la felicitación de su superior, cuando al momento de recoger las tarjetas informativas se escuchó la voz del secretario particular.
- De una vez váyase haciendo una tarjeta con un guión de las palabras que deberá decir esa mujer ante el presidente. Algo que hable de nuestro programa y que agradezca la casa, en fin ya sabe usted, algo lucidor para el Preciso, para el Secre y para nosotros.
- Sí, no se preocupe licenciado, yo me encargo- Mientras salía de la oficina, el funcionario menor se devanaba la cabeza pensando a quien pedirle la nueva tarjeta; sí se la pedía a Teresa su amante, le ofrecía la oportunidad de lucirse; por otro lado, era más confiable Marisela, aunque pedírsela significaría la tensión propia de un bomberazo en viernes por la noche. En el camino a su oficina algo se le ocurriría, lo que urgía en este momento era localizar al delegado para que este a su vez buscara a la mujer, la convenciera de viajar para estar en 24 horas aquí y la prepararan para la ceremonia oficial.
- A ver Tere, necesito hacer una tarjeta urgente, ayúdame porque tu sabes escribir más rápido que yo en la máquina.- rápidamente la subdirectora se dispuso a teclear.
Haciendo de tripas corazón, Marisela se sentó al otro lado del escritorio, ya sabía que ella terminaría haciendo el trabajo de su jefe, pero si se ponía a discutir, nada más se tardaría más en salir de la oficina y en llegar a su casa.
Su jefe comenzó a dictar y la subdirectorta –cómo rumoraba la oficina- a escribir corrigiendo por aquí y por allá en voz alta algún tiempo de conjugación o término:
- Quiero agradecer al Presidente, porque de no haber sido por este programa yo nunca hubiera tenido casa, ya que por mi nivel socioeconómico no soy sujeto de crédito ni pertenezco a ningún organismo de vivienda.... -
Media hora después, le daban la tarjeta a leer a Marisela, esta, esbozando una sonrisa les dijo:
- Así no habla esa gente, se necesita un lenguaje más sencillo y directo-.
- A ver, según tú ¿cómo debería de decirlo?- le espetó su jefe.
“Ya lo sabía” pensó Marisela, piensa que no me doy cuenta, pero si no lo hago quién sabe a qué horas saldré de aquí.
- Denme chance- les dijo, y se sentó frente a la computadora. En tanto, Tere hacía un mohín de disgusto por el silencio aprobatorio de su jefe. Media hora después la tarjeta definitiva estaba en el escritorio del funcionario.
Un vacío en el estomago y el sudor frío en las manos le invadió mientras el avión tomaba impulso en la pista y despegaba. Sintió en el cuerpo una ligera inclinación hacia un lado y de pronto apareció por la ventanilla la cuadrícula de calles con cientos de pequeñas casas de la ciudad iluminadas por el sol amarillento del atardecer. Con el valor de la curiosidad se pegó a la ventana y alcanzó a distinguir entre los pocos edificios altos de la ciudad el del Hotel El Presidente, sus hileras de ventanas parecían rayas negras, todo un costado blanco y liso dejaba ver el nombre y hasta arriba un techo redondo y azul. Las galeras de las bodegas y los mercados, los campanarios de las iglesias destacaban en medio de las construcciones y parecían de juguete; aquí y allá, el fresco verde intenso de los árboles de los jardines, mientras, en el horizonte, las montañas crecían, se alejaban y se convertían del café rojizo al azul grisáceo. En unos cuantos minutos el rojo de los arces y el amarillo de los abedules se perdió a medida que el avión ganaba altura y la sierra se convertía en pequeños rasguños en el suelo, Serafina con trabajo dejó de observar las nubes cuando la azafata le preguntó qué quería de tomar.
A su lado el Delegado observó por un momento la ropa humilde pero limpia de Serafina. Parecía que había entendido, debía llevar su ropa formal pero sin falsos lujos; nada fuera de sus posibilidades y al mismo tiempo lo suficientemente presentables en una ceremonia con el presidente en donde estarían los medios de comunicación. Serafina había entendido todo desde el principio, era inteligente y arrojada, no se achicopalaría frente al micrófono y las cámaras, pero tampoco negaría su extracción popular.
Después del susto por la patrulla que la buscaba y una vez enterada de lo que se trataba, se puso feliz y aceptó inmediatamente el viaje a la capital y solamente pidió dos cosas: que la llevaran a visitar a la virgen de Guadalupe y quería conocer Chapultepec. - Hecho- fue la respuesta del delegado.
La tarjeta redactada por Marisela a pesar de los intentos de comunicación social por cambiarla una y otra vez, continuó su camino: no tuvieron más remedio que reconocer que no había que meterle mano, sobrevivió y llegó a las manos de Serafina. Mientras esta agradecía con sincera emoción y palabras entrecortadas, mezcla de sus sentimientos y el sencillo reconocimiento que leía en la tarjeta; un reducido grupo de funcionarios en el presidium medio atendían la ceremonia y charlaban entre ellos. Sorprendidos por la desenvoltura de la mujer y por su aspecto limpio y cuidado, cuchichearon con una sonrisa en sus rostros.
- Que bien le quedó la tarjeta, tiene usted buena pluma.
- Gracias Licenciado, pero sin su dirección me hubiera sido difícil encontrar el tono.
Con una sonrisa entre complicidad y hastío por la ceremonia voltearon a ver a Serafina.
- Bien despierta la mujer, licenciado-
- Sí hombre, ¡¿en dónde se podrá conseguir una sirvienta así?!
lunes, 12 de abril de 2010
Moronita ©
Una fresca carcajada fue la respuesta de mi madre, tan inocente y sincera, que me desarmó y no supe o no quise entender cuál era su respuesta a mi reclamo. También era una risa que a una hija como yo, parecía indigna y al mismo tiempo contagiosa de alegría, pa' pronto, era una risa de poca madre.
Llevaba yo una semana en Houston, mi madre no sólo me había alojado en su pequeño departamento, también me había paseado por la gigantesca ciudad. Incluso se dio el lujo de comprarme ropa en un Mall y regalarme unos tubos eléctricos con graduación para tres temperaturas, con su espejo para maquillarse y para ver el reflejo con luz de noche y con luz de día. Durante toda esa semana casi olvidé a qué iba y que esta mujer alegre y rejuvenecida era mi madre.
Por lo menos era totalmente diferente a la mujer a la que nadie en la familia le creyó cuando empacó algo de ropa y compró un boleto de Grayhound para viajar por estados Unidos. Hasta mi padre pensó que era una buena broma para tomar un descanso lejos del entorno familiar. Todavía al transcurrir un mes y recibir una tarjeta postal informando que estaba bien, todos pensamos que mamá se merecía esas vacaciones. Fue hasta medio año después, cuando papá comenzaba a marchitarse y la casa se caía a pedazos cuando los hermanos más grandes nos preocupamos. Ahora pienso que ninguno entendía realmente el significado de la actitud de mamá.
A los hijos de mayor edad ocupados en nuestras vidas y problemas, quizá nos era más fácil olvidar la ausencia materna, sin embargo esto ya no fue posible cuando, transcurrido un año, los hermanos más pequeños y papá zozobraban en el caos en que se había transformado la casa familiar. Entre la libertad de movimiento que me daba
Desde que la vi en el aeropuerto comencé a sentir que todo era diferente: la mujer que me recibía estaba rejuvenecida y parecía gozar de excelente salud. Tras la bienvenida los abrazos y las preguntas por la familia, me condujo al estacionamiento para mostrarme que, además de comprar un viejo pero todavía funcional Dodge 75 de estridente color al que llamaba cariñosamente el very blue, se había atrevido a aprender a conducir. A lo largo de aquella maraña de entradas, puentes y señales rumbo a la ciudad comenzó a explicarme su nueva vida: vivía en un departamento sola, y lo había amueblado con ofertas de tiendas y "regalos" de los contenedores de basura, el mismo very blue era un regalo.
-Estos gringos tiran hasta el alma, hija mía... y la mayor parte en muy buen estado... excepto el alma - y soltó una risa franca y juguetona.
Al verla gozar al volante y reírse por perder la salida correcta en un free-way, me vino a la cabeza la imagen de papá, triste, desconsolado, hablando por larga distancia, rogando a mi madre que volviera. Sobre todo recordé aquella noche, cuando apretando la bocina con sus arrugadas manos comenzó a cantarle en la bocina: Muñequita linda, de cabellos de oro, de dientes de perla, labios de rubí... pidiéndole que se acordara de cuando eran jóvenes.
Ante mi asombro y curiosidad, ya en su pequeño departamento -nada del otro mundo pero bastante aceptable-, con una gran sonrisa de satisfacción continuó contando todas sus peripecias. Había cruzado la frontera con pasaporte pero sin permiso para trabajar; en San Diego le dijeron que le convenía incursionar más hacia el Este; muy convencida se subió en un autobús Grayhound en donde conoció lo que ella misma denominó el "american zoo". Su apariencia maternal y poco mexicana la libró de los abordajes de la migra, así pensaba llegar a Miami creyendo quedar a salvo entre los cubanos, pero en Baton Rouge su poco inglés le hizo perder el autobús. Para no dormir en la terminal, decidió tomar el más próximo a salir y éste la llevó de regreso a Houston; ahí, sin dinero para continuar el viaje salió a probar suerte. Ayudada por una chivera, logró que la contrataran de lavaplatos por unos cuantos dólares la hora y así sintió el placer de que le pagaran constante y sonante por lo que -decía riéndose- había hecho sin cobrar toda su vida.
Platicando se nos fue el resto de la tarde, después decidí tomar un baño. Al salir me encontré con sábanas y cobijas limpias sobre el sofá - Ahí dormirás- me dijo desde la cocina, en donde yo creí que preparaba la cena, pero no había tal, porque en ese momento salió con un tintineante vaso que no parecía precisamente de limonada para decirme ¿a dónde prefieres ir?, ¿comida china o italiana?. Salimos esa noche y también las siguientes. A través de aquellas cenas y comidas, una imagen volvía una y otra vez a mi memoria: mamá cocinando para media docena de personas, sentándose al último y atendiendo a todo mundo. Ahora, yo veía a una desconocida que con mucha seguridad y en inglés, lo mismo escogía en un self-service que ordenaba en un restaurante italiano; pero sobre todo, nunca la había visto tan sonriente ni de tan buen humor.
Al paso de los días me resistí a aceptar la idea de que mi madre había roto con la vida familiar para emprender nuevos caminos; precisamente ahora, cuando todo mundo creía que su existencia estaba realizada. Mientras ella partía a su trabajo, yo vagaba por los grandes almacenes comerciales y por las instalaciones del Centro Espacial; ahí, entre cápsulas, maquetas y fotografías de lo que desde niña había conocido por la televisión, sentí una inmensa lejanía de la mamá de mi infancia; porque aquí en Houston cada vez que yo volvía a su pequeño departamento, era más como una tierna, cariñosa y ocupada tía, que gentilmente atendía a una visita inesperada y quizás hasta un poco molesta. Así me sentí sobre todo el día en que me avisó que tenía una cita pero que no me incomodara: yo también estaba invitada a cenar con Steve. El gringo aquel resultó bastante simpático y eso salvó la velada, la salvó para mí, porque ellos platicaron y se rieron largamente, mientras yo quedaba sorprendida por el fluido inglés de mi madre y espantada de la familiaridad con la que trataba al gigante rubio aquel, quien a pesar de estar ya entrado en años prodigaba amabilidad y coquetones juegos y piropos a mi madre.
La semana voló entre mis excursiones, el trabajo de mamá -que para ese entonces ya era supervisora en una fábrica- y las cenas y visitas al cine juntas. Salvo el primer día cuando riéndome le había avisado que venía por ella, y a lo que ella me había contestado también muy sonriente que estaba bien, no habíamos vuelto a tocar el punto. Asumí que siendo la hija predilecta no podía negarse a mi pedido, incluso pensé que podría estar ya cansada y que se disponía a levantar esa especie de castigo familiar y, sobre todo, confié en mi capacidad de convencimiento. Así que decidí confirmar dos boletos en el vuelo a México y con ellos en la mano, encaré por la tarde a mi madre cuando llegó de su trabajo. Le expliqué el caos de la casa, el desgarriate de los pequeños y la tristeza de papá. Analicé su soledad en el extranjero y la indefensión de su edad, muy segura de mis palabras y mostrándole el boleto de avión, creí ser contundente al pronosticar la ausencia de un futuro feliz lejos de su familia, le recordé que no tenía necesidad de trabajar y que en México vivía en forma bastante desahogada, que incluso si quería, podríamos contratar otra muchacha para que le ayudara.
Sin perder la dulce y radiante sonrisa me explicó que no podía salir de Estados Unidos, su situación ilegal no le permitiría volver a entrar, pero se comprometía a sustituir la tarjeta postal con llamadas telefónicas. Incrédula, segura de no haber sido comprendida y ya medio enojada, muy seria y con firmeza traté de hacerle ver la indignidad en la que estaba cayendo al olvidar su papel de madre y esposa. Fue entonces cuando me respondió con aquella carcajada. Y con el mismo tono dulce y paciente con que me hacía ver la estupidez de mis berrinches cuando era pequeña, me respondió:
-Mira hija, he vivido dos vidas, una detrás de otra. En la primera fui hija, esposa y madre, me llamé señora de Salazar, ahora, soy sencillamente Pat, una mujer sin muchas obligaciones y con medios modestos pero suficientes para mí; la primera vida duró casi tu edad, treinta años, la segunda, el año que llevo fuera del hogar. No me siento sola y quiero saborear plenamente tanto mis años de esposa y madre, como los que me quedan de vida -y haciendo una corta pausa, con un rostro de felicidad infantil me dijo- Voy a consumir el pan de la vida, ¡hasta la última moronita..! En ese momento un hermoso y casi olvidado recuerdo llegó desde mi niñez. Era una pequeña complicidad establecida en las mañanas a solas con mi madre, la travesura de comer un pan dulce hasta el final y sin dejar nada, ni la última moronita. Quién sabe que cara pondría yo, pero la gravedad que tenía el momento, fue rota de nuevo por la pícara carcajada de mi madre para decirme: ¿de verdad creíste que volvería contigo?
Han pasado ya varios años, la ruptura de mi madre con la familia ha marcado todo este tiempo. Poco a poco se fueron alargando sus comunicaciones hasta prácticamente desaparecer; a pesar de que en un primer momento la condené como casi todos, con la distancia del tiempo lo que predomina en mí ya no son los resentimientos o los juicios de condena sino el recuerdo de esa sonrisa de felicidad que le conocí en Houston. Una sonrisa que a veces también a mí me gustaría tener, si pudiera consumir la vida como ella, ¡hasta la última moronita! ©
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Este relato fue publicado originalmente en 1998, es parte de un libro editado en forma privada con relatos sobre mujeres titulado