Relatos, libros, imágenes e Historia para compartir. Narraciones y reflexiones de un ciudadano.
lunes, 12 de abril de 2010
Moronita
lunes, 5 de abril de 2010
Revolución Mexicana: ¿Mentira Centenaria?
Muy sintomático que en el mes de marzo aparecieran en Twetter sendas hashtags con el PRI como tema, más aún que en ambas predominara el rechazo. La primera #FelizCumplePRI por el aniversario de su fundación, es un a antología de sus desmanes y demagogia; la segunda, con más premeditación chacoteo y genuina preocupación por su posible retorno, la originó el “tuitguerrillero” @Jan_Herzog: verdadero azote de los priístas por igual: lo mismo los de línea tricolor que los de linea solar.
Convencido de que efectivamente es necesario y urgente terminar de una vez por todas con el viejo régimen, me gustaría llamar la atención sobre un aspecto soslayado pero que pienso está en la base de todo el poder que el PRI ha ejercido sobre el país a lo largo del siglo XX: la llamada ideología de
Un buen intento de analizar el Porfirismo -que no Porfiriato, dado el enorme consenso que generó en su tiempo-, se hizo en un programa se le dedicó en Discutamos México. Sin embargo, el formato tan estático a partir de los discursos de académicos y óleos “animados” (de hueva) no da para mucho. El tema merecería mucho más, sobre todo con un condictor de la talla de Krauze pero como en el panismo la comunicación no es uno de sus fuertes, simplemente rescato algunos puntos que ayudan a comprender el papel de villano asignado a Díaz.
La visión canónica sobre el problema de la tenencia de la tierra en la época de Díaz se la debemos a Molina Enriquez y todos han abrevado en ella: la idea central es que la hacienda creció a costa de la comunidad indígena (dejándose de lado su importancia como unidad de producción). Los estudios regionales han demostrado que no era así en todo el país y ni siquiera era algo predominante. Hasta entonces comprendí los relatos de mi bisabuelo que contaba de indios que querían privatizar las tierras para subirse al boom de la vainilla en Papantla a principios de siglo. No se diga recorrer las ruinas de aquellos centros de bonanza como Tlalpujahua, Apam o Casas Grandes.
La leyenda negra de Díaz se basa también en los conflictos con el movimiento obrero, Río Blanco y Cananea son un símbolo. Pero se olvida que el texto –también canónico-, México Bárbaro de Keneth Turner, no fue una investigación sino un reportaje de prensa patrocinado por las compañías petroleras (Standart Oil) en fiera competencia con los ingleses (El Aguila) principalmente Weetman Pearson, más conocido como “el contratista de Díaz”. Chequen su memoria, el libro de texto y la leyenda de Díaz como el gran villano y verán que nace en estos paradigmas.
Que no estuvo todo bien en la época de Díaz es cierto, pero los simples relatos de nuestros abuelos que hablaban de un México no tan malo a principios de siglo deberían cuestionar nuestras certezas al respecto; por no mencionar la estabilidad fianciera y el peso-dólar uno a uno No se diga cuando nos enteramos que actualmente Cananea esta en huelga desde hace meses, básicamente para defender a un líder charro quien heredó el sindicato de su padre, perseguido por la ley y escondido en Canadá. Menos cuando sabemos que no podemos viajar en ferrocarril por inexistente, pero sí hay un líder de ferrocarrileros que disfruta de dos pensiones de 80 mil pesos cada una. Por no mencionar el corrupto sindicalismo protegido por la demagogia del PRI, al cual pertenecen ambos líderes.
También abundan los estudios que demuestran que en el régimen porfirista había una intensa vida política de negociación a nivel regional. La autocracia centralista que se le cuelga a Díaz, en realidad es la que desplegó el PRI a lo largo de setenta años, sin olvidar sus vínculos con el narcotráfico desde los años treinta. Lo curioso es que a pesar de todas los indicios, ha predominado la imagen de Díaz como el gran villano y no en balde, la dictadura perfecta del PRI en varios aspectos queda muy por debajo del largo período de Díaz en el poder. Sin olvidar que la tan mentada justicia social es mucho mejor en varios países de América del Sur y sin sufrir revolución.
Por último, la impronta más grave de la historia oficial es el maniqueísmo que prevalece en toda la cultura. La contraparte del gran villano: se ha elevado como héroe a Villa, un bandido que espió y recibió fondos lo mismo de alemanes, que de Hollywood o el Departamento del Estado (F Katz). De ahí la costumbre de tomar partido por un narco, un encapuchado carismático o un pueblo de linchadotes, lo mismo que mitificar a un periodista o un diario si se le ve como parte del derrocamiento del Estado: se termina por justificar hasta lo injustificable en aras de dividir el mundo en buenos y malos. Esta herencia del régimen de la revolución es una actitud muy poco cívica y mucho menos ciudadana. Cuestionar esa imagen debería ser parte de la reflexión sobre el Bicentenario ya que el conocimiento de nuestra historia es un ejercicio indispensable del ciudadano.
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Para una crónica de viaje en el último ferrocarril mexicano de pasajeros se puede consultar el enlace en esta página "fotoviajante"
domingo, 28 de marzo de 2010
La Guerra contra las Drogas: Virtual pero Sanguinaria
sábado, 20 de marzo de 2010
Fenomenología Del Tope
¿Qué hay detrás de un tope? Me lo pregunto cuando tras un accidente en CU. varios estudiantes demandaron que se pusieran en el circuito escolar topes, algo que a mí me parece muy poco universitario porque el tope muestra la muy poca educación del que maneja: como no respeta el límite de velocidad, se le obliga a detenerse con un obstáculo. Entonces aclaro, de lo que quiero hablar es de la dimensión cultural que subyace al Tope: de todo lo que deja ver y al mismo tiempo esconde un casi in-mobiliario urbano que hasta donde parece, es característico de este paìs.
El diccionario informa que la palabra es de origen germánico (top) y lo define como “punta o extremidad”, eso en primera instancia. Solamente hasta la octava acepción ofrece lo que es efectivamente en México: tropiezo, estorbo o impedimento. Es impresionante constatar que un objeto (el subconsciente virtual de la computadora escribió primero ojete) como el tope, sea algo tan pesadillesco que por su cotidianidad ya nos pasa desapercibido. Nos acordamos de él solamente cuando friega la suspensión del auto o al surgir sin aviso alguno el día y en el lugar menos esperado. A pesar de su presencia es común que se le olvide, la furia por el golpazo y el susto que nos llevamos solamente provoca el encabronado comentario frente a los testigos: “este tope no estaba ayer”.
Hay topes de formas, tamaños y texturas muy diversas,y parecen asociarse al sitio o rumbo en el que se ubican reflejando los gustos y las costumbres de la gente del lugar: algo así como la geografía del tope. Desde Jalisco hasta el norte del país parece que tienen preferencia por el concreto y gustan de colocarles un alma de tubo o acero. En Morelos y Puebla los disfrazan y les llaman “reductores de velocidad”: es una serie de once protuberancias que pueden ir desde los pocos centímetros hasta sus respetables pulgadas y que acortan paulatinamente la distancia entre ellas para rematar en ocasiones con uno más grande. Monterrey parece que hará su aportación con el ArtNarcó: trailers y camiones antes de las casetas.
Hace años en las carreteras eran muy comunes los llamados “lavaderos” o “vibradores”, pero ahora a esos ya solamente se les encuentra en las entradas de las casetas de cobro de las autopistas. Entre los topes más criminales están sin duda las “tortugas” de metal, que poco a poco desaparecieron de los carriles en contra flujo de los ejes viales y que a veces resucitan en lugares tan civilizados como CU: no conformes con una hilera ¡se colocan dos, para que no se diga que hay miserias! Por estos lares tambièn se ha desarrollado un modelo combinado de monumento al vibrador, muy útil para medio controlar a los chafiretes del Transporte interno concesionado.
Pero entonces si ya existen en CU –de hecho hasta semáforos hay- ¿Por qué se piden más? Como viajero frecuente por las caminos de este país, estoy convencido que al contrario de la creencia generalizada el tope no se pone como defensa ante los extraños del lugar sino de los propios residentes. El visitante es más cuidadoso porque no conoce el rumbo , en cambio hay que ver manejando a los vecinos por las carreteras que atraviesan sus poblaciones de la Costa Grande en Guerrero o de la costera en Oaxaca: lo hacen como los chilangos en el periférico.
Los topes más tiernos son aquellos que colocan las autoridades locales como demostración de modernidad. Hasta hace pocos meses, a la entrada de Acaxochitlan Hidalgo se hacía una inmensa fila de autos provocada por los demoledores vibradores a la entrada de la población, colocados ahí sin ninguna razón ni necesidad. La clave la descubrí en un pueblito cercano, cuando me pidieron colaboración para erigir un tope en una terracería estrecha y maltrecha en la que solo circulan los cien vecinos del lugar: “Es que luego vienen los chavos a echar carreras aquí”. Semanas después mostraban rostros orgullosos por la obra que les hacia sentirse más urbanos de lo que nunca serán (gracias a dios), en realidad no es necesario pero los hace sentirse bien.
Por todo lo anterior, estoy convencido que cuando en este país desaparezcan los topes significará que nos hemos vuelto un país educado que respeta los reglamentos y que no necesita que se le obligue a respetar a los demás. De paso, mostraría que no necesita de fetiches para apreciar su realidad, deseando, pensando y buscando una inexistente modernidad. Ese es el tope cultural, un tope imposible de ver sino hasta que se le siente cuando ya se cayó en él.